La vida consagrada está inserta en la Iglesia particular, donde realiza su misión según sus carismas propios. En la comunión eclesial, por tanto, existen unas relaciones mutuas entre Jerarquía y religiosos en las que no han faltado nunca las dificultades. En 1978 se publica el documento «Mutuae relationes», que trataba de coordinar tales relaciones. Después de 35 años, parece oportuno reformularlas a la luz del concepto conciliar de la «Iglesia comunión», de la experiencia, la doctrina de los Sínodos sobre las diversas vocaciones eclesiales y la espiritualidad de la comunión. La misión exige la comunión, y esta se configura en la armonía de la diversidad con actitudes de diálogo, confianza,...
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