Comienza la liturgia eucarística con un rito preparatorio, no llamado ya ofertorio sino presentación y preparación de los dones. El ofertorio propiamente se dará más tarde, en la plegaria eucarística, cuando el pan y el vino se conviertan en el cuerpo y la sangre del Señor y sean ofrecidos al Padre con toda la Iglesia. El sentido de este rito, tal y como están formuladas las mismas oraciones desde la reforma litúrgica, es de bendición, inspirándose en la antigua beraká judía. El gesto de la colecta que acompaña al rito le da un sentido de auto-ofrenda personal y existencial que se añade a los dones del pan y del vino.
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